Desde chiquita he vivido rodeada de animales. Con los años, entre rescates, adopciones y casos que no pude dejar pasar, he ayudado a más de 300. Hoy se me hace más complicado hacerlo, por más que quisiera.
Estudié Psicología para ayudar a la gente, y terminé descubriendo que ayudar a las personas y ayudar a los animales camina junto. Hice un Máster en Intervenciones Asistidas con Animales y me especialicé en entrenar perros de intervención. También cofundé, junto a un grupo de amigas, una asociación de rescate animal. Aprendí que una comunidad bien movilizada puede hacer cosas enormes.
Trabajé en un centro para niños con problemas en el hogar, y mi perra me acompañó en ese trabajo y lo hizo más fácil. Ahí vi de cerca lo que la presencia de un animal puede hacer por un niño que llega herido.
Después hice mi práctica profesional fuera de Honduras, en un centro de acogida para niños retirados de hogares hostiles o que venían de países en conflicto. Participé en un programa de terapia con animales rescatados, y lo que pasó en esas sesiones fue transformador. Por eso este proyecto no me deja en paz.
El problema que casi nadie mira
En Honduras no existe un censo real de animales en situación de calle. Se estima que solo en Tegucigalpa hay alrededor de 100,000 animales en la calle, completamente invisibles y abandonados. Es un cálculo y no una cifra oficial, pero basta con salir a caminar para sospechar que no está lejos.
Las organizaciones que hacen este trabajo lo hacen casi todo con donaciones y voluntariado. Lo hacen con el corazón, pero ese modelo es frágil. Cuando se acaba la donación, se acaba el rescate.
La idea: El Santuario Pelos
Imaginá un lugar que sea mucho más que un refugio. Un ecosistema donde el bienestar animal, la salud mental, el empleo, el turismo y nuestra cultura se sostengan entre sí. Está pensado para generar sus propios ingresos desde el inicio, sin depender de donaciones para sobrevivir.
Tiene seis pilares:
- Rescate y rehabilitación. Animales dañados, maltratados o abandonados, con atención veterinaria profesional.
- Terapia asistida con animales. Un espacio certificado para sesiones con grupos, escuelas, ONGs, psicólogos y psiquiatras. Es un servicio que se cobra, y eso lo hace sostenible.
- Gastronomía y cultura local. Comida típica hecha por gente de la zona, café de productores locales y repostería artesanal.
- Tienda de artesanías. Arte, pinturas, café y productos hondureños. Cada venta sostiene el santuario.
- Ecoturismo y hiking. Caminatas guiadas en zonas naturales cercanas, con la posibilidad de salir acompañado de un perro rescatado.
- Empleo local digno. Trabajo real para veterinarios, guías, cocineros, artistas y personal de atención.
Cómo se vive un recorrido
Quiero que quien entre, salga transformado. Por eso cada espacio tiene un propósito.
Llegás a un parqueo de grama, sin cemento. Una persona cálida te recibe y te explica el recorrido. Se cobra entrada, porque lo que vas a vivir tiene valor.
Después pasás al restaurante, con baleadas, plato típico y yuca. Hay café de altura, una tienda de arte local y música hondureña de fondo, en un espacio decorado por artistas de acá.
Seguís al área canina, donde los perros en recuperación esperan para conocerte. En la misma zona hay una terraza para clases de intervención asistida con grupos, escuelas u organizaciones. Más adelante está el área felina, tranquila y privada, pensada también para sesiones más íntimas.
Hay una zona de hospitalización, apartada del ruido, donde veterinarios colegiados y practicantes universitarios supervisados atienden a los animales en recuperación activa. Al fondo está la fauna silvestre en rehabilitación. Algunos serán liberados y otros se quedarán bajo resguardo. El recorrido termina en un mirador, con una frase que invita a pensar en la conservación.
De dónde saldría el dinero
Las fuentes de ingreso se complementan entre sí: entradas, sesiones de IAA, restaurante y café, tienda de artesanías, tours de hiking con perros, alianzas con alcaldías y universidades, y proyectos de responsabilidad social con empresas privadas. Si una falla, las otras sostienen el proyecto.
Lo que esto cambiaría
Seis impactos a la vez: bienestar animal, medio ambiente, empleo local, turismo y cultura, salud mental e imagen institucional. Para una alcaldía, es un proyecto que une turismo, empleo, cultura y bienestar animal en un solo lugar. Que yo conozca, hoy en Honduras no existe algo así de coordinado.
A quién le hablo
Me dirijo a municipalidades, empresas que buscan responsabilidad social con impacto medible, ONGs internacionales de bienestar animal y universidades como la UNAH y UNITEC, que podrían usar el santuario para prácticas de veterinaria, psicología y turismo.
Si sos alguien de ese mundo, o conocés a alguien que lo sea, escribime: [tu correo / WhatsApp].
Y te digo algo con total honestidad: no me importa si me quedo o no con este proyecto. Lo que quiero es que alguien lo agarre y lo haga realidad. Porque Honduras lo necesita.
Mónica Catocho Chinchilla